sábado, 28 de septiembre de 2024

De la emanación y santificación del Tiempo.

Cuando manipulamos una herramienta la esencia de la herramienta no cambia, pero todo lo que se agrega para concebir esa herramienta ahora obtienen una voluntad que antes no tenían, la cual los mueve, ha mutado en un elemento voluble; un humano, cuando es siervo ya sea de un estado o de otra cualquiera persona, ahora tiene dos voluntades que tienen que ser convergentes en sus actos para garantizar la pertenencia a la persona, ya que por definición uno no puede ser rebelde contra sí mismo, entonces la voluntad innata del alma es la única que puede emancipar la unión con la voluntad impuesta, y la única que puede mantenerla.

Al usar ropa, la ropa se hace parte sustancial de los agregados que conforman los accidentes del individuo, tanto como su piel o cabello, u otros órganos; el humano en el dominio de otra persona conforma parte de los agregados de esa persona. Ergo, el que domina algo hace que lo dominado comparta virtualmente de su esencia, llamemos a esto el acto de 'emanar', ya que el dominador preexiste al dominado y es en el tiempo que hemos definido (entrada 'El tiempo') el único que está existiendo en el instante, mientras que el dominado existe 'ad extra' y tiene una esencia propia, así también accidentes propios, a quien se le administra la 'emanación'.

Una esencia virtual es compartida, y el dominado desea apropiar la voluntad de su dominador y emanciparse de su propia voluntad; similar al sudor humano, la emanación nace de una sustancia y hereda de ella mas existe 'ad extra'. En ésta vista el 'adepto emanado' ha sido el producto de una reproducción con un solo originador.

Ahora, uno no puede santificar el espacio como un sacerdote, pero podemos santificar el tiempo, el instante de nuestro rezo, y ese instante nos permite en el tiempo crear espacios santos, cuyo tamaño dependen del tiempo que usemos para edificarlos con nuestra oración; sacralizar el tiempo también nos permite acelerar el proceso de la gracia natural por medio de las gracias supernaturales de la oración.

Y al manipular el tiempo de esta forma, el adepto realmente extiende su dominio sobre el tiempo, una emanación propia que impone a un elemento vacío sustancia personal, pero el tiempo es un instante que desaparece, por lo que la periódica repetición de la devoción y culto en el tiempo, si se continúa hasta la muerte, adquirirá eternidad solo con la gloria. Y en el instante el adepto orador ahora se convierte en el tiempo mismo.

Entonces, la mariología discutida en la entrada De Spiritus III, nos dice que la consagración mariana es realmente un tipo de emanación de María, donde nuestra esencia gana una transmutación mariana (mariamorfosis), un clon de María por la esencia virtual, pero distinto en esencia real. Una parte de los agregados de María, pero que no toca ni añade nada a su esencia ni a sus accidentes, una emanación de María.

Podemos afirmar la existencia de éstas esencias virtuales, porque vemos que los coros angelicales de las Dominaciones, Poderes, y Principados rijen a distintos colectivos de gente. La gente como agregados no debería necesitar de un solo ángel protector, a no ser que una esencia virtual sea la receptora del patrocinio angelical.

La emanación por lo tanto nos habla de la cualidad auxiliar de los adeptos y conjuntos de gente. Expresa más de la realidad objetiva por sus especiales Funciones adscritas. Ciertamente los ángeles son aumentados en amplitud al servir a esos conjuntos, por eso son de un coro más elevado, lo que quiere decir que lo más probable sea que todos los ángeles tiene la misma fuerza pero en distintas amplitudes relativos a su lugar en la jerarquía celestial, y la jerarquía celestial se informa por los humanos en la tierra.